5.5 Trata y Tráfico de Niños, Niñas y Adolescentes

En la República Dominicana es un hecho que existe la utilización de personas menores de edad en actividades sexuales a cambio de un pago económico o cualquier otro tipo de retribución y el involucramiento de personas menores de edad en trabajos que, por las condiciones en las que se realizan (largas jornadas laborales, salarios bajos o inexistentes, entre otras), dañan la salud, seguridad o integridad de los niños, niñas o adolescentes que los realizan.

Un estudio realizado para UNICEF y OIM sobre el tráfico de menores desde Haití a la República Dominicana, concluye que existe un tráfico ilícito de NNA hacia la R. Dominicana a través de redes organizadas para entrar al país de manera irregular, ayudadas de una persona traficante o "passeur" con la complicidad de los militares y policías en la frontera y la ayuda de transportistas privados y aunque es difícil cuantificar el flujo, se estima que solo de los tres departamentos del Norte de Haití hay más de 2,000 niños/as que cruzan la frontera anualmente.

Muchos de estos niños y niñas, ingresan en la República Dominicana y regresan a su país y familias de origen después de un cierto tiempo, pero un tercio de ellos/as permanecen aquí y pasan a ingresar en el sector informal o de trabajadores/as agrícolas que subsisten en condiciones de irregularidad migratoria, lo que dificulta el acceso a los servicios básicos y la integración efectiva a la sociedad.

Desde que fuera promulgada la Ley 137-03 sobre Trata y Tráfico de Personas se conocen en el país 4 sentencias de condenación del tipo penal, dos de ellas han estado vinculadas a personas menores de edad.

Las diferencias en el desarrollo económico entre el campo en ciertas regiones del país y el de las ciudades, con la solicitud de mano de obra barata o dócil para que realice trabajos peligrosos o en condiciones inhumanas, oferta dirigida a menores y los valores culturales que fomentan la desigualdad entre hombres y mujeres, constituyen factores de riesgo presentes a la hora de la trata.

A esto se une el aumento de la industria basada en la venta de sexo que no repara en preferir a niños, niñas y adolescentes para burdeles o la realización de espectáculos sexuales y se representan con personas intermediarias y redes muy organizadas que han hecho de la trata, una actividad que les deja múltiples ganancias económicas. Todo esto es posible y hasta alentado por la inexistencia o la falta de sanciones penales adecuadas para las personas tratantes.

El problema de la trata y tráfico de NNA es de reincidencia en los polos turísticos de nuestro país, donde el contraste de la pobreza local, se hace mucho más evidente frente al turismo de recreo que viene de los países del Norte.

La República Dominicana ha recibido sugerencias de organismos de Naciones Unidas al respecto.

Otros esfuerzos importantes se realizan desde las ONGs que componen el Consorcio NINA, las cuales han tenido permanentemente intervenciones puntuales con NNA que conviven en situación de calle y de abandono del Estado y hasta de sus familiares. Algunas, localizadas en Santo Domingo, reciben a NNA abandonados y les proporcionan alimentación, atención médica y apoyo psicológico. Un quinto de quienes reciben la asistencia son de nacionalidad haitiana.